La Agenda 2030 muestra avances insuficientes en América Latina y el Caribe después de 5 años

Este mes de septiembre, la agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se completan cinco años después de su lanzamiento.

La Red Jubileo Sur / Américas monitorea la implementación de 10 ODS en 10 países de América Latina y el Caribe, con el fin de construir una contra narrativa a este modelo de desarrollo, además de incidir y monitorear las políticas públicas que inciden principalmente en temas ambientales, de género y ambientales. desigualdad.

Este evento llevó la Deuda Ecológica pela primera vez para el debate con la observación de la responsabilidad histórica de los países del norte por la degradación ambiental, impactos sobre el clima, la biodiversidad, los ecosistemas y toda la forma de vida de las personas y la naturaleza.

Ya en 2000, después de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas y la adopción de la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, se establecieron ocho objetivos internacionales que se cumplirían para el año 2015, conocidos como los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

En 2012 se celebró en Río de Janeiro una nueva conferencia, que se propuso evaluar los progresos realizados hasta la fecha y renovar su compromiso con el desarrollo sostenible. Este proceso dio lugar a la declaración final de la Conferencia Río +20, llamada «El futuro que queremos».

Estos espacios promovidos por organismos multilaterales y organizaciones internacionales fueron capturados por la agenda corporativa y el pago de la deuda ecológica perdió espacio. Para sostener el sistema capitalista, el mercado comenzó a crear nuevos productos para presentar soluciones falsas, colocando así el poder privado y corporativo como el portador de las salidas a la crisis ambiental y climática de la que son responsables.

Financiadas e impulsadas por instituciones financieras internacionales (IFI), estas falsas soluciones agravan la situación y aumentan la deuda ecológica y climática, además de aumentar las deudas financieras ilegítimas.

Todo este proceso ignoró por completo las acciones, articulaciones y discusiones de los países del Sur Global. Nunca reconocieron, por ejemplo, los Acuerdos de los Pueblos de Cochabamba, resultado de la Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (2010), donde participaron más de 35.000 representantes de movimientos y organizaciones sociales de 140 países que intercambiaron experiencias e indicaron estrategias ante la crisis climática.

Otro espacio importante de debate popular y resistencia ocurrió durante Río+20, la Cumbre de los Pueblos para la Justicia Social y Ambiental fue considerado como un espacio autónomo, tanto de la Conferencia Oficial como de los gobiernos reunidos allí y de los agentes del mercado; y que estaba al servicio de las luchas y resistencias populares que tuvieron lugar en nuestra región y en el mundo, y dio lugar a una declaración final por medio ambiente, en defensa de bienes comunes y contra la mercantilización de la vida.

 

Transformando nuestro mundo – un nuevo documento para una vieja promesa

Luego, como resultado del proceso iniciado en Río+20, en septiembre de 2015 se puso en marcha la Agenda 2030 durante la Cumbre de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible en Nueva York. El documento, firmado por 193 países, tiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas que se construyeron a partir de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, con la promesa de completar los que no lograron.

Según el documento de publicación, «la agenda busca hacer realidad los derechos humanos de todos y lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Los ODS son integrados e indivisibles, y equilibran las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económico, social y ambiental. Y tiene como objetivo impulsar la acción durante los próximos 15 años en áreas de crucial importancia para la humanidad y el planeta: Personas, Planeta, Prosperidad y Paz. »

Bajo el título «Transformando nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible», el documento también señalaba «la liberación de la raza humana de la tiranía de la pobreza y la curación y protección de nuestro planeta». Sin embargo, las propuestas para alcanzar objetivos y metas tan atrevidas poco o nada cuestionan los problemas estructurales del modelo capitalista, responsable por el alto nivel de desigualdad social y de la explotación y financierización que ha destruido nuestra naturaleza.

El plan de acción todavía tiene el desafío de implementar una agenda universal en un mundo con países y regiones que presentan diferentes culturas, formas de organización y comprensión del llamado «desarrollo». Los indicadores que miden el progreso de los ODS muestran que los países se encuentran en diferentes niveles y etapas de aplicación, y que, por lo tanto, se necesitan estrategias específicas para llegar al alcance de la agenda.

Datos e indicadores para América Latina y el Caribe

Según la CEPAL (2019c), la región presenta información completa para sólo el 31% de los Indicadores oficiales de los ODS, el 36% tiene cierta información y el 23% no tiene datos. Sólo tres países declaran producir más del 50% de los indicadores establecidos oficialmente por la agenda 2030, son: Costa Rica, Panamá y Uruguay. Por otro lado, Perú, Guatemala, Haití, Bolivia y San Vicente y las Granadinas reportan menos del 20% de los indicadores.

El Salvador cuenta con la mejor producción de indicadores entre los países monitoreados por la Red Jubileo Sur/Americas, alrededor del 37%, seguido de México (34%) y Ecuador (33%), según datos del índice ODS 2019 del Centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe (CODS).

Los tres ODS que tienen las mejores tasas de progreso en la región, según el índice de ODS 2019 son: Acción contra el cambio climático global (13), Agua potable y saneamiento (06) y Ciudades y comunidades sostenibles (11). Mientras que los tres con peores tasas son: Industria, Innovación e Infraestructura (09), Reducción de las desigualdades (10) y Paz, justicia e instituciones eficaces (16).

También en esta publicación del CODS es posible evaluar el progreso y el estado en el que cada país cumple con cada uno de los 17 ODS. Sólo 3 de los 24 países analizados tienen algún objetivo alcanzado: Uruguay tiene niveles adecuados de cumplimiento para los siguientes objetivos: Erradicación de la Pobreza (01), Agua potable y saneamiento (06) y Energía Asequible y Limpia (07); Chile tiene un buen desempeño en: Erradicación de la Pobreza (01) y Agua Potable y Saneamiento (06), y Trinidad y Tobago muestra un alto nivel de desempeño también en el ODS para la Erradicación de la Pobreza (01)

En el cuadro siguiente vemos que ninguno de los 10 países monitoreados por la Red Jubileo Sur/Américas ha logrado alcanzar los ODS, la mayoría de los objetivos están con retraso crítico o retraso significativo. En Puerto Rico, no hay datos oficiales de organizaciones internacionales porque ellas reconocen la condición colonial del país impuesta por el imperialismo estadounidense.

Después de 5 años de la agenda 2030, la región avanza insuficientemente para cumplir con los ODS para 2030. También de acuerdo con los datos de CODS, si mantenemos este ritmo anual, el cumplimiento de los 17 Objetivos en la región llevaría más de 50 años.

¿Lo qué planteamos desde la Red Jubileo Sur/Americas?

Es necesario cuestionar los problemas de fondo y estructurales que presenta el modelo de desarrollo capitalista. No es posible, por ejemplo, hablar de la reducción de la pobreza sin abordar la acumulación de capital, de la riqueza, el avance de la militarización y también la importancia de la seguridad alimentaria y el derecho a la vida. Este sistema genera más pobreza, muerte y exclusión. Para los cambios en este sistema capitalista neocolonial, hay que cuestionar otros elementos estructurantes de este modelo, como el racismo y el patriarcado.

Otro aspecto que también debe ser cuestionado es la dependencia de los países de nuestra región del capital financiero transnacional, cuyo principal instrumento de control es la deuda pública, cuya obligación de pago, que es una prioridad de los gobiernos, extrae recursos de los presupuestos de las áreas sociales responsables de garantizar los derechos fundamentales que se incluyen en la propia agenda 2030.

Estos objetivos y documentos siempre se limitarán a los avances reales, en cuanto las falsas soluciones estuvieren sobre la base de la mercantilización de la vida, de la naturaleza y de los territorios, y para satisfacer los intereses del capital que es la principal responsable de la desigualdad, de la crisis ambiental, ecológica, climática y humanitaria.

Creemos que el proceso de construcción de políticas públicas debe realizarse con la participación popular, teniendo en cuenta y respetando las diferencias culturales, el conocimiento y los sentimientos de los pueblos y territorios, y no impulsados por agentes del mercado.

La reparación de la deuda histórica, financiera, ecológica, social, étnica-racial y de género de la que hemos sido acreedores desde la colonización es urgente y fundamental para la realización de los derechos humanos para todos.

Las organizaciones populares, los movimientos sociales y la población pueden coordinar estrategias para enfrentar crisis, articulando ideas, prácticas políticas y estrategias transformadoras, a través de la educación popular, la visualización de luchas y resistencias de los pueblos.

 

¡Los pueblos son los verdaderos protagonistas!

 

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